lunes, 3 de enero de 2011

LAS MERINDADES DE BURGOS

Esta vez nuestro viaje nos llevó a Las Merindades burgalesas, una comarca que ocupa el tercio norte de Burgos, siempre verde, con pueblos llenos de historia y tradiciones y donde se concentran una cantidad imposible de cuevas, eremitorios, iglesias románicas, castillos, casonas señoriales…
Después de algún problema técnico, salimos el sábado hacia Medina de Pomar, que sería la ciudad donde nos quedaríamos y de la que partiríamos a todas las rutas ya que está situada en el centro de la comarca.
Después de instalarnos nos fuimos a visitar la ciudad, en la que las puertas de la muralla, dan paso a un casco histórico cuyas calles tienen un trazado medieval y están llenas de arcos como el de La Cadena, puertas, blasones, iglesias como la de Santa María del Rosario y Santa Cruz, monasterio de Santa Clara, las huellas de una importante judería, y por supuesto el alcázar de los Velasco, Condestables de Castilla, conocido como “Las Torres” y hoy museo de Las Merindades.



El domingo después de un buen desayuno, empezamos una ruta partiendo de Villarcayo,  localidad a orillas del rio Nela, capital de la Merindad de Castilla la Vieja y, desde 1560, de toda la comarca,con una bonita Plaza Mayor y varias casas blasonadas que recuerdan su pasado histórico.
Después nos acercamos a Escaño, para ver su iglesia Románica. Continuamos dejando atrás bonitos pueblos y en Sobrepeña paramos para acercarnos a la ermita de la Paz, desde la que se ve una fabulosa panorámica.

Pasamos Quintanilla Valdebodres y nos desviamos para ver la Cascada de La Mea, dando un pequeño paseo por un sendero flanqueado de robles cubiertos de líquenes, para ver como el arroyo de La Mea se precipita al vacío, por un cortado calizo. Dejamos atrás el “pirulí” y pasamos a la parte interior de la cascada a pesar de las goteras.

Continuamos el camino y llegamos a Puentedey, y enseguida nos topamos con el espectacular puente de piedra de más de 15 m. de altura, resultado de los miles de años que ha empleado el río Nela, para horadar la roca caliza y modelar este lugar único. Aquí nos encontramos con un Motero Astur, Rodrigo y su amigo, que estaba haciendo una ruta siguiendo el antiguo trazado del ferrocarril. Subimos luego al pueblo y nos acercamos a la Iglesia donde el cura estaba tocando las campanas para llamar a los fieles y lo hacía manualmente, con una mano en cada campana.
Después de un corto paseo nos dirigimos ya hacia el Complejo Kárstico de Ojo Guareña, declarado Monumento Natural, que es con sus más de 100 kms. de galerias subterráneas, el más extenso de España y uno de los  mayores del mundo. Sólo se puede visitar la Cueva y la ermita de San Bernabé, que son unos 400 m.,pues existen numerosos restos arqueológicos y para protegerlos, se han cerrado al público. Al entrar presentan una proyección de 10 minutos donde nos acercan al resto de la cueva y después comienza el recorrido cuya salida está en la Ermita rupestre, que tiene entre otras cosas, unas curiosas pinturas murales en su bóveda natural, del siglo XVIII, anónimas.
Debajo de la Ermita, está el Sumidero u “Ojo” del Guareña, por el que se introducen las aguas del río, en el interior de las cuevas, y que es, junto con el Trema, el principal constructor de todo el complejo de galerías, simas, lagos, dolinas, etc., mediante fenómenos de disolución química.
Desde aquí nos dirigimos a Espinosa de los Monteros, con intención de comer, entre otras cosas. Esta villa era conocida por sus "Monteros", cuerpo hidalgo que desde el año 1006 tenía el privilegio de custodiar durante la noche las estancias de los reyes de España. Paseando por sus calles, se respiran aires de otras épocas. Destaca la Plaza Mayor, con el Palacio de los Marqueses de Chiloeches y el Ayuntamiento, con su conjunto de arcos de medio punto.
Aquí ya nos encontramos con Oscar y Pablo, que habían llegado hacía poco y se estaban tomando un vermutito, mientras nos esperaban, así que lo primero, nos fuimos a reponer fuerzas.Y tras un pequeño paseo por la villa, volvimos a medina, para que se instalaran y descansar un poco.
Por la tarde comenzamos de nuevo un paseo y nos dirigimos hacia la villa ducal de Oña, a orillas del río Oca, cuyo monasterio de San Salvador es visita obligada para quienes deseen remontarse al orígen de Castilla; lamentablemente no había visitas a la hora que llegamos, pero aún así la visita mereció la pena, porque el sabor medieval está presente en esta villa, declarada Conjunto Histórico Artístico.
Continuamos nuestra ruta y paramos en  la pequeña localidad de Tobera, para ver la ermita de Santa María de la Hoz y las Cascadas del río Molinar. Esta ermita está construida al amparo de una de las escarpadas paredes del desfiladero; junto al río hay un Humilladero y un puente romano. Desde aquí el río Molinar continúa su camino para unirse al Ebro junto a la pequeña ciudad medieval de Frías, una de las más pequeñas del mundo y nuestro siguiente destino. 
Al llegar a una curva de la carretera aparece una bella postal de esta población medieval con sus casas colgadas sobre el precipicio y su inverosímil castillo, construido sobre una roca de la que parece que se va a caer en cualquier momento. Caminamos por sus empinadas calles  con sus casas que emplean la toba ( roca muy porosa, formada por precipitación de la caliza) y el entramado de madera en su construcción. No faltan las solanas en el piso superior. En seguida aparece el castillo con su torre del homenaje situada, de manera amenazante, sobre una escarpada roca. De aquí parte la muralla que cercaba la ciudad en la que se abrían tres puertas. La puerta de Medina, por donde entraban los Velasco, señores de la ciudad, está cerca;más abajo de la Iglesia está la Puerta del Postigo de la que sólo quedan tres jambas.
Continuamos hasta la Iglesia de San Vicente, románica de los siglos XIII-XIV, con antigua función defensiva y donde se celebraban juicios en otro tiempo. 
Uno de los más valiosos monumentos de la Ciudad de Frías es su puente sobre el Ebro. Puede decirse que su origen fue de construcción romana y reconstruido varias veces en la Edad Media.
Pasa por él, la calzada romana, que era una vía de comunicación, muy importante para el comercio entre la Meseta y la costa Cantábrica. Es uno de los mejores ejemplares de puentes fortificados de España.
Posteriormente se añadió la torre para cobrar el pontazgo. Hay que tener en cuenta la gran carga económica que era tener un puente como el de Frías en la Edad Media. A sus frecuentes reparos debían contribuir los que más lo utilizaban: comerciantes de la Bureba y Rioja y rebaños trashumantes.
Mide 143 m. de largo, 3´45 m. de ancho, y desde el nivel del agua hasta el pretil más alto del puente hay unos 11´3 m. y otros tantos hasta la torre. Consta de 9 arcos. Este puente está construido sobre tajamares de la época romana. Su construcción asimétrica e irregular se debe a la necesidad de seguir los puntos de apoyo en la roca que asomaba por el río.

Después del paseo nos sentamos a tomarnos “unos algos” bajo la torre del homenaje del castillo, que parecía que iba a derrumbarse sobre nosotros, pero al mismo tiempo nos protegía. Y después, de nuevo hacia Medina, para reponer fuerzas con una buena cena, tomarnos un último café y a dormir.
El lunes, tras un buen desayuno, comenzamos una nueva ruta. Nuestra primera parada era en San Pantaleón de Losa, en la Merindad de Losa, y casi limitando ya con el País Vasco, para ver su ermita situada en  la Peña Colorada, que curiosamente tiene forma de quilla de barco. La subida es dura por lo empinado del terreno y el camino sin asfaltar, lo que puso  realmente a prueba las motos, especialmente la de Oscar, que no se echó atrás en ningún momento; pero tras el esfuerzo, viene la recompensa y bien vale la pena, no solo por la ermita, sinó por las maravillosas vistas.
La portada es lo más representativo de San Pantaleón, sobre todo por la presencia imponente y majestuosa de una gran estatua, al menos de 1,80 metros de altura, el atlante, que se supone que es Sansón. Al otro lado de la portada, hay otro elemento, único en el románico de la zona, que es un zigzag vertical. En una de las arquivoltas de la portada, hay cuatro figuras que se ven a través de una especie de ventanillas por las que asoman sus cabezas y pies. Todos los sucesos que vivió San Pantaleón, están reflejadas en los capiteles del templo. Es un lugar lleno de misterios y vinculado a la leyenda del Santo Grial, lo que lo hace mágico, distinto, un lugar donde echar a volar la imaginación, un viaje en un barco de piedra único, donde el capitán puede ser un atlante viejo, poseedor de un conocimiento ancestral, todavía sin descifrar,en un marco incomparable donde naturaleza y arte se abrazan una vez más.
Continuamos nuestro camino hacia el Valle de Angulo, donde en lo más profundo, con una caída de 30 m. y rodeada de exuberante vegetación, está una de las cascadas que forma el río San Miguel junto a la Sierra Salvada, la de Peñaladros en Cozuela.
Después de tomar un tentepié, continuamos el viaje y nos desviamos hasta un pequeño pueblo, llamado Espejo y que pertenecía a Alava, donde comimos en la la cervecería Indarra, que da al parque que hay junto al río. La comida es casera y los dueños, encantadores.
Tras reposar la comida, continuamos hacia nuestro siguiente destino, el Monumento Natural del Monte Santiago, donde queríamos ver el Salto del Nervión, una cascada estacional de 300 m de altura. Subimos el Puerto de Orduña y llegamos al área recreativa Fuente Santiago, donde dejamos la moto y comenzamos un pequeño paseo entre hayedos por una pista forestal; por el camino nos encontramos con una antigua lobera, y con charcas protegidas para la conservación de anfibios, y tras 2 km. llegamos hasta el mirador , colgado en un risco, el mejor observatorio de la cascada y del profundo cañón. Da vértigo asomarse por el precipicio de rocas calizas cortadas a cuchillo; sin embargo el paisaje es tan bello como vertiginoso: a lo lejos y alrededor la tierras Alavesas y Burgalesas. No bajaba agua, pues no es época de dehielo, pero desde esta privilegiada atalaya se contempla un espectáculo inigualable: el vuelo de buitres y otras rapaces que anidan en los cortados y repisas del cañón de Delika.
De pronto empezó a ponerse oscuro y decidimos volver a por las motos. Nos despedimos ya de Oscar y Pablo, que volvían por Bilbao. Nos pilló la tormenta y nos refugiamos en un pueblo por el camino, hasta que se calmó. Cuando llegamos a Medina, volvió a salir el sol. Después supimos que a ellos, los pilló bien y sin haberse puesto los pantalones moteros. Nosotros cenamos y nos acostamos pronto, porque al día siguiente volvíamos a casa, por la ruta de los pantanos.
El martes, después de desayunar, nos despedimos de Medina y nos dirigimos hacia Reinosa, acompañados un gran trecho por el Embalse del Ebro, de más de 6000 ha. de superficie. Estaba tan lleno, que anegaba parte de las tierras del valle.
Disfrutando del paisaje llegamos a Cervera de Pisuerga, donde comienza la ruta. Nos desviamos un momento hasta el alto de la Mata, para hacer unas fotos y luego continuamos. La ruta de los pantanos es una carretera de 55 kms que va desde Cervera de Pisuerga a Velilla del Río Carrión. A lo largo de esa carretera se pueden ver 4 pantanos. Dos en el río Pisuerga, muy cercanos a Cervera; el de Ruesga y el de Requejada y dos en la cuenca del río Carrión el de Camporredondo y elde Compuerto.
LA 1º PARADA LA HICIMOS en Santibáñez de Resoba,  una pequeña población enclavada en la Montaña Palentina , donde hicimos buenas migas con un “habitante canino” Y NOS ACERCAMOS hasta su ermita de San Cristóbal.
La siguiente parada fue  en el mirador del alto de la Varga a 1413 m., desde donde se ve muy cercano el Ojo de la Lastra y Peña Redonda entre otras. Seguimos por Triollo y bordeamos el pantano de Camporredondo y después hacia Velilla bordeando el de Compuerto. Entonces paramos a comer en Otero de Guardo, a orillas del pantano. La lluvia ya había empezado a acompañarnos y llevábamos los trajes de agua, lo que nos vino muy bien.

Ya solo paramos en Villamanín para tomarnos un café y por fin, llegamos a Oviedo, muy cansados pero deseando volver para disfrutar de lugares que nos quedaron por ver.

Para ver el resto de las fotos pinchar en el enlace

















domingo, 12 de diciembre de 2010

POR TIERRAS CHARRAS

Nos disponíamos a pasar un fin de semana  en compañía de nuestros amigos de Zamora, que nos iban a hacer de “cicerones” por tierras de Castilla; así que salimos de Oviedo por la tarde, María, Pablo, Pando y yo, un poco preocupados por si nos pillaría alguna tormenta de las anunciadas.
Unos nubarrones nos amenazaron por el camino, pero dejamos la lluvia detrás y llegamos a Zamora con una temperatura muy agradable y allí nos esperaba José Luis, quien nos llevó hasta Villa Katy, donde nos prepararon una riquísima barbacoa de bienvenida.
La velada era muy agradable, pero nos acostamos pronto, ya que al día siguiente íbamos a realizar una ruta larga.
Tras recoger a Casas y Fran, que llegaron el sábado, nos dirigimos hacia Guijuelo, nuestra primera parada, para degustar un riquísimo jamón, con una cervecita, como no podía ser de otra forma; En esta población se encuentra la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Guijuelo, creada hace más de 20 años y pionera en el sector del jamón. Por donde camines, encuentras Secaderos naturales, con los jamones colgando a la vista y un olorcillo que tienta a los estómagos más débiles.
Tras el refrigerio, nos dirigimos a Candelario, un pueblo de montaña con un encanto especial, por la  arquitectura típica de sus calles y edificios, muchos de los cuales aun conservan su estructura original, con tres niveles; antiguamente, el último de los pisos se destinaba al desván, donde, con el humo de la madera de castaño, se curaba la matanza. Además, por todas las calles discurren canales de agua o “regaderas”, cuya finalidad era mantener limpias las calles durante la matanza.
Otra de las singularidades de la villa son las batipuertas, existentes en la entrada de casi todas las viviendas. Se supone que su función era  la de evitar la entrada de la nieve en las casas, al tratarse de un pueblo de montaña, y además  permitían la entrada de la luz para trabajar pero no la de los animales.
Al lado de la Oficina de Turismo, hay un poyo de un hórreo, donado por la Orden de los Sabadiegos de Noreña, en recuerdo de los pastores asturianos que se supone que fundaron esta Villa.


Tras pasearnos por el pueblo un rato, nos dirigimos a nuestro siguiente destino, donde además íbamos a comer: San Martín del Castañar. Es uno de los conjuntos históricos de Salamanca, declarado así en 1982, en pleno parque natural de Las Batuecas-Sierra de Francia; en un espacio privilegiado que ha merecido la reciente catalogación como Reserva de la Biosfera.
Nos dirigimos hacia la Plaza Mayor, donde está el Ayuntamiento; más o menos en el centro, está la vieja Fuente del Cubo o “Pilón”; De camino hacia la Iglesia, encontramos sólidas construcciones de entramado serrano, algunas de ellas  adornadas con blasones o con elementos de cantería en dinteles y jambas que señalan su antigüedad. La calle se abre a una sencilla plazuela dominada por la esbelta espadaña de la iglesia parroquial; seguimos hacia el antiguo castillo y pronto alcanzamos la plaza de toros en la que se observan sencillos burladeros de piedra, una de las más antiguas de España y con una forma como yo no había visto ninguna; las primeras referencias datan del siglo XVII. Esta explanada antecede la entrada al castillo del siglo XV, fortaleza protegida por un doble recinto amurallado y es la parte más elevada del pueblo.
Volviendo hacia norte del pueblo, hay un parque al que se llega a través de un puente Romano, sobre el río Francia, atravesado por una calzada romana.
Por fin nos sentamos a comer en el Mesón de San Martín, situado en la Plaza Mayor: papas meneadas, tostón ( cochinillo), pluma ibérica y tarta de queso…Buenísimo….Pero¡a ver como nos íbamos a colocar en la moto para seguir la ruta!...


Tras la comida y un breve descanso, seguimos camino hacia la Peña de Francia, una montaña que se alza a1.723 m de altura, y una de las montañas más altas de la Sierra de Francia .La carretera es estrecha y sinuosa, ideal para curvear con la moto, aunque a alguno seguro que se le cayeron los empastes…pero al llegar arriba, nos encontramos con el Santuario, donde se venera la Virgen Negra, una Hospedería del siglo XV restaurada y unas vistas maravillosas desde la plaza donde está el inmenso y original reloj de sol: el rosario de pueblos que rodean el Valle de las Batuecas.

Tras disfrutar de las vistas, decidimos regresar, puesto que nos quedaban varios kms. Y teníamos que llegar para cenar en una típica bodega Zamorana  en El Perdigón, pueblo situado a unos 11kms. de la capital.
Llegamos sin novedad y después de cambiarnos, nos dirigimos a El Perdigón. El pueblo pertenece a la zona conocida como "Tierra de el vino", y en él, antiguamente se producían grandes cantidades de vino debido a los numerosos viñedos que existían en el lugar. Hoy poco queda de aquellas vides, pero si se conservan buena parte de las bodegas, actualmente transformadas en lugares de tapeo .
Nosotros cenamos en “Los Yugos”, un lugar pintoresco, lleno de herramientas de labranza y otros utensilios antiguos a modo de museo, en el que los respaldos de los asientos eran cabeceros de camas. Estaba todo muy, pero que muy, bueno.






Y para terminar la velada nos fuimos a un karaoke para dar rienda suelta al arte musical de algunos y recolocar los huesos,bailando otros…
Al día siguiente comienza el viaje de vuelta; pero todavía teníamos unas visitas sorpresa que Pablo nos tenía reservadas.
Hacia el medio día llegamos al Monasterio de Moreruela; fué un monasterio cisterciense construído entre los siglosXII y XIII, y situado en las cercanías de Granja de Moreruela,  dentro de la provincia de Zamora,  en la comarca deTierra de Campos. Fue declarado Monumento Nacional el 3 de junio de 1931. Es precioso, a pesar que solo quedan restos. Se conserva parte de la Iglesia, las ruinas del claustro y la Sala Capitular, entre otras cosas…La primera impresión no es la mejor que ofrece este lugar. El mayor atractivo está en la cabecera de la iglesia, en sus ábsides, nada menos que siete, dispuestos de forma escalonada , y en su girola.
El color cobrizo, casi anaranjado, de sus piedras proporciona a Moreruela un aspecto impresionante de una belleza singular.
Abandonamos con pena este lugar mágico y nos dirigimos a las Lagunas de Villafáfila; la mejor época para ir es en invierno, para contemplar los millares de aves migratorias que anidan en estos parajes un año tras otro.
Llegamos al Parque de Fauna y comenzamos la ruta por el camino señalado hacia las lagunas; de vez en cuando paramos en algún observatorio para verlas mejor. En esta época hay pocas aves, pero aún así vimos varias especies de ánsar, azulónes y alguna cigüeñuela…
Como se acercaba la hora de comer, seguimos hasta Santa María del Páramo y saciamos nuestro mal en La Zíngara, un restaurante muy agradable a donde nos llevó Casas, que se marchó en seguida porque iba a trabajar.
 Nosotros continuamos tranquilamente y paramos en casa de los padres de Pablo, en Villoria de Orbigo. Visitamos el pueblo bajando hasta la presa del río Orbigo, que forma una piscina en la que la gente se baña en verano y tomamos un café en el Reguero Moro, un antiguo molino, junto a una chopera a las afueras del pueblo, para seguir directos hacia Oviedo.

En total unos 1000 kms, que nos supieron a poco y nos dejaron con ganas de ver más, con excepción de algunos, que creo que aguantaron con paciencia infinita las sesiones de fotos y las visitas…

El resto de las fotos pinchando el enlace






domingo, 10 de octubre de 2010

RODANDO POR LOS PIRINEOS FRANCESES

Salimos el viernes a eso de las 10 de la mañana, desde la “sede social”, con un tiempo que presagiaba agua; allí estaban ya Casas, Oscar y Pablo, que junto con María y yo, formaríamos el quinteto sobre dos ruedas.
Cuando paramos a comer y repostar, nos pusimos los monos de agua, que nos vinieron muy bien, porque atravesando Bilbao, nos cayó una buena. Tras pasar Pamplona ya mejoró el tiempo y cuando atravesamos Jaca y Sabiñánigo ya no llovía nada. Tranquilamente llegamos a Biescas, que iba a ser nuestra base de operaciones.


Después de instalarnos, dimos una pequeña vuelta por el pueblo, muy bonito, en pleno centro del valle de Tena, rodeada de macizos, sendas y vistas impresionantes., como la que se veía desde la ventana de nuestra habitación.

Tiene el encanto de un típico pueblecito de montaña.


Enseguida nos fuimos a picar algo a la cervecería Salzburgo, donde entre otras cosas, tenían una tarta de chocolate, buenísima. Y tras planear el día siguiente, nos fuimos a descansar.




El sábado, tras desayunar, decidimos dejar la ruta por los puertos para el día siguiente por consejo de la gente de allí. Lucía el sol, pero para la montaña no estaba muy claro, así que pusimos rumbo hacia los pueblos de alrededor, que María y yo conocíamos, pero los demás no. Pasamos por Gavin, Yesero… Subimos el Puerto de Cotefablo ( 1423 m.), donde algunos se desprendieron de la ropa motera; la carretera es de montaña con muchas curvas ; durante el trayecto disfrutamos de un bonito paisaje con barrancos inmensos y tras coronar el puerto, de las vistas del entorno desde el mirador. Bajamos a Linás de Broto, Fragen, y por fin llegamos a Torla, puerta de acceso al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, situada a 1032 m. de altitud. Es un pueblo de ensueño, como de cuento de hadas, enmarcado por las enormes alturas que la rodean, como los imponentes Farallones de Mondarruego

Su casco antiguo tiene raíces medievales y está muy bien conservado.


Nos perdimos por sus calles y disfrutamos comprando algún recuerdo. Después seguimos; paramos antes en el Mirador de Jánovas, donde otros se desprendieron de sus ropajes y coincidimos con otros moteros, que estuvieron admirando las vistas como nosotros.

Seguimos camino y llegamos a Boltaña, caleyeando por su entramado de calles medievales. Buscábamos el hotel donde trabaja un amigo de Pablo, el Hotel Balneario Boltaña, resultado de la completa renovación del antiguo Monasterio del Carmen del siglo XVII, a orillas del río Ara.


Dimos un paseo por allí y nos dirigimos a Aínsa, una villa medieval declarada Conjunto-Histórico-Artístico a principios de los 70 , con una Plaza Mayor porticada que incluye la iglesia románica de Sta. María, del S. XII, con una imponente torre, y  el Castillo-fortaleza del S. XVI. El Casco Viejo conserva casi totalmente las murallas que lo rodeaban.
Lo primero que hicimos fue sentarnos a comer y a continuación nos perdimos por las calles del pueblo. María y Oscar, subieron a la torre de la Colegiata, por una escalera donde no podían cruzarse dos personas, que sube por el interior del muro. En las dos primeras plantas hay observatorios y saeteros que, en sus tiempos, sirvieron para fines defensivos. En la tercera están las campanas, que si tocan cuando estás allí, te dejan vibrando durante un buen rato. La cuarta tiene una bóveda preciosa y desde ella, el panorama es excepcional.


Desde el arco románico del antiguo Hospital, se puede observar una magnífica panorámica del Valle del Cinca y de la Peña Montañesa.



Paseamos un poco por el recinto amuralladao del castillo , desde donde se ve un magnífico panorama de la Plaza Mayor, y tras descansar un poco, emprendimos el viaje de vuelta, esta vez, dando la vuelta por Jaca y de nuevo a Biescas
 

Después de cambiarnos y descansar, nos fuimos a tomar una cervecita y a continuación a cenar y a programar la ruta del día siguiente, que iba a ser más larga…mucho más aún, de lo que nos podíamos imaginar…




El domingo nos levantamos pronto y miramos por la ventana hacia las montañas; hacía un sol radiante, aunque la temperatura todavía era baja; así que, después de un buen desayuno, y de que alguno sacara brillo a la máquina, llenamos el depósito a la salida de Biescas y comenzamos el viaje;


Pasamos Sállent de Gállego, a orillas del Embalse de Lanuza y al pie de las más altas cumbres de la cordillera, y la estación de esquí de Formigal, donde el frío ya se notaba más, para llegar al Col Du Pourtalet, situado a 1.794 m. de altitud y punto fronterizo con Francia. Separa el Valle de Tena (español) del Vallee d'Ossau (francés).Dejamos atrás paisajes preciosos en la bajada y tras una pequeña parada, nos dispusimos a comenzar el siguiente puerto;


Llegamos a Laruns, donde comenzamos el ascenso al Col D´Aubisque; la carretera es buena,y pronto alcanzamos una altitud de 1709 mts., bajando un poco después de llegar arriba, para subir de nuevo al Col Du Soulor, con 1474 m. Por aquí ya había algo de niebla y el frío se dejaba sentir más, pero estaba lleno de gente; tras hacer unas fotos, continuamos la ruta.


Ya se acercaba la hora de comer, así que al llegar a Argeles, decidimos desviarnos hasta Lourdes, y comer allí; el pueblo es muy bonito y a medida que nos acercamos a La Gruta, vamos viendo las calles llenas de tiendas de souvenirs. Es uno de los centros religiosos católicos de peregrinación más importantes del mundo. Su Basílica es un bello edificio de estilo románico-bizantino que merece la pena visitar. Desde la explanada, los fieles se dirigen a las fuentes milagrosas de agua que mana de la gruta de las apariciones para llenar botellitas. Es impresionante la pasión que se palpa en el ambiente, especialmente a través de los enfermos que buscan una curación que la ciencia no les ha podido ofrecer.


Alargamos la visita más de lo previsto, así que nos ponemos de nuevo en camino hacia el siguiente puerto. Dejamos atrás Luz st. Sauveur, para ascender al mítico Tourmalet, la pesadilla de los ciclistas; la subida era impresionante, los paisajes fantásticos, pero cerca de la cumbre apareció la niebla; los telesillas de la estación de esquí, surgían de repente como fantasmas y cuando llegamos arriba el frío era considerable; la altura es de, 2115 m.


Cada hito kilométrico de todas las subidas del tour, viene señalizado con un montón de datos, como la altitud final, la altitud del punto kilométrico, cuantos kilómetros faltan para la cima, y que pendiente en % tiene el siguiente kilómetro. Una pequeña decepción: el “gigante” del Tourmalet no estaba; se lo habían llevado a su refugio de invierno; en su lugar nos recibió un burrillo, al que poco le importaba, que no se viera “tres en él mismo”.




Se nos estaba haciendo tarde, así que comenzamos la bajada con una pequeña sorpresa: un montón de llamas campaban a sus anchas por las orillas de la carretera; Pasamos la estación de La Mongie y llegamos a Campan. Nos quedaba el último puerto ( o eso pensábamos nosotros)…



Pronto alcanzamos el Col D´Aspin, a 1490 m. con más vistas impresionantes. Ya nos acostumbramos a que después de superar una cima, viene otro valle,

tan guapo como el que dejamos al otro lado.

Aquí, Oscar entabló una “conversación” con un jóven ciclista francés, Rafael, muy agradable y nos hicimos una foto con él, que no parecía sentir frío, lo cual no me extraña, después de haber subido el puerto a pedal.




Llegamos por fin a Arreau, un pueblo precioso; ya estaba oscureciendo y Casas tenía poca gasolina; este fue el primero de nuestros problemas; en zonas no muy pobladas, los puestos de gasolina se encuentran en centros comerciales, donde hay que echar con tarjeta, y casi siempre hay algún problema de lectura, y no funciona. Además era domingo y no había nadie en las cabinas. Al final, un francés muy amable aceptó usar su tarjeta y que le diésemos el dinero; pero el verdadero problema era que el túnel de Bielsa, por el que pensábamos entrar de nuevo en Huesca, estaba cerrado por obras y la mejor alternativa era una ruta con seis puertos más. María se puso un poco nerviosa, porque ya era muy tarde, pero enseguida nos pusimos en marcha y así subimos de noche el Col Du Peyresourde, de 1569 mts., pasamos Bagneres de Luchon y Saint-Mamet, muy bonitos, Col Du Portillón, 1292 m. en el Valle de Arán, y así llegamos a Viella; como eran casi las 11 de la noche, paramos a cenar, y continuamos el camino atravesando nuevos puertos ya en España: el Coll de Espina (1407m.), el Coll de Fadas ( 1470 m.), el Puerto de Horadada ( 1020 m.) y el Puerto de Cotefablo ( 1423 m.).

Durante el camino, un jabalí la tomó con la pierna de María; menos mal que iba despacio, porque ya había visto numerosa fauna y no quería tener una sorpresa muy gorda en la oscuridad.



Así seguimos hasta Aínsa y por fin llegamos a Biescas a las dos de la madrugada. María se metió en la ducha con el agua muy caliente y tuvo que poner una manta porque no entraba en calor. En seguida cogimos el sueño…

El lunes nos levantamos más tarde y con tranquilidad recogimos todo y fuimos a desayunar. Ultima foto delante del Ayuntamiento de Biescas y de nuevo en camino a Oviedo.

Esta vez volvimos por Burgos; la autopista de Bilbao es infernal. Paramos a comer y a partir de ahí rodamos tranquilamente, sin prisa pero sin pausa.


Llegamos todos bien, incluso Oscar, que entraba a trabajar a las 10 y nos dejó un poco antes. Nos quedaron cosas por ver, pero será en otra ocasión si Dios quiere.



El resto de las fotos.

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